martes, 13 de enero de 2009

Bolonia no es Bolonia


Bolonia no es lo que dicen que es Bolonia.

Para empezar, no es una estrategia urdida por ningún gobierno para hundir a la enseñanza pública. Y tampoco es un capricho de los que mandan en la universidad, ni una moda para parecer más modernos. A lo que queremos aludir cuando hablamos de Bolonia es a algo de mayor trascendencia que difícilmente admite simplificaciones. Por esta razón se ha creado un portal que no se llama Bolonia sino EEES, el Ministerio competente ha habilitado un apartado específico en su web y hasta la Gaceta Universitaria tiene a disposición de quien le interese un especial titulado 100 preguntas sobre Bolonia, “Todo lo que necesitas saber sobre el nuevo Espacio Europeo de Educación Superior”. Con cien respuestas concisas y esclarecedoras. Dicho lo cual, ¿qué sentido tiene hablar ahora de lo que es y no es Bolonia? Pues mucho. Porque ni los portales indicados ni las jornadas organizadas en el ámbito universitario, ni los artículos de prensa y de revistas han conseguido fijar un mensaje tranquilizador en la sociedad que ayude a despejar las incertidumbres ante este proceso de cambio. ¿Hablamos de cosas tan diferentes unos y otros? No lo creo; probablemente estemos asistiendo, porque toca, al inicio de un movimiento de protesta social de mayor envergadura para el que se ha elegido Bolonia como catalizador. Y de la percha de Bolonia se están colgando los rechazos a todos los males endémicos de nuestra universidad o de nuestro sistema educativo, que no son pocos.


Para empezar, Bolonia es un camino, una vía por la que se construirá el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), un escenario de cambios en el que las incertidumbres parecen pesar más que las certezas sobre sus bondades. Es decir, el acuerdo tomado en la ciudad italiana de Bolonia en 1999 para alcanzar de objetivo de crear un espacio común, una especie de Unión Universitaria Europea, ha terminado por dar nombre a todo este proceso. Y ahora lo llaman así y también se conoce como plan Bolonia. Pero insisto, Bolonia no es ningún plan; es tan sólo un camino que ya se está transitando a diferentes velocidades según qué universidades y qué comunidades autónomas. España es uno de los 29 países que firmaron aquel acuerdo (ahora son 47) y está inmersa, al igual que todos los estados firmantes, en este proceso de adaptación que tiene previsto concluir en el curso 2010-11. Y, por fuerza, el camino tiene que ser diferente en cada país, autonomía o universidad porque diferentes son los puntos de partida y la orografía universitaria de cada uno de ellos. En Andalucía, por ejemplo, este proceso camina de la mano de dos tipos de comisiones creadas al efecto en el seno del Consejo Andaluz de Universidades –conocimiento y títulos-, que se encargan del 75% de las enseñanzas que serán comunes para todas las universidades públicas de Andalucía. El resto lo desarrolla cada universidad.
Hemos asistido en las últimas semanas a movimientos de rechazo hacia la construcción del sistema universitario que arranca de Bolonia. Una parte importante de estas protestas han nacido del temor que despierta el desconocimiento sobre el horizonte final y de la manera que afecta al sistema en vigor. Pero nada de ello justifica la confusión más o menos intencionada, la desinformación y la contaminación de este debate con temas que llevan décadas sin resolver. Eso no es Bolonia. Desde el Legislativo se quiere contribuir a esclarecer los términos de esta controversia y por ello hemos aprovechado la reciente comparecencia del Secretario de Estado de Universidades en la Comisión de Ciencia e Innovación del Congreso para escenificar el apoyo explícito al proceso de Bolonia de los partidos representados en el Parlamento español.
Ahora nos toca explicar
lo que sí es Bolonia.

4 comentarios:

María González Veracruz. dijo...

Igualmente Luis tomás, un placer encontrarte.

Estamos en contacto y enseguida para allá ;).

saludos! y enhorabuena por el post.

AGMaldonado dijo...

Yo estoy con Bolonia. El uso que se haga de sus decisiones es lo que habrá que vigilar, pero el diagnóstico es claro y ncesario. Es urgente explicar la reforma, claro, pero también es pertinente decir que los antibolonia parten de un supuesto totalmente equivocado: es indefendible el modelo actual, por lo tanto con la reforma no se pierde nada; se puede estar de acuerdo con la dirección de la misma, pero no con su pertinencia. Y un dato a tener en cuenta es que el alumno español es muy poco cometitivo: el nivel de inglés o francés es muy bajo, la cultura general también, así como la educación y las formas; de modo que vamos a ser un país que, si quiere ser competitivo el día de mañana, va a tener que recurrir a muchos alumnos extranjeros o formados en el extranjero, y esta reforma facilita eso. Me parece bien; creo que obligará -por necesidad- a los alumnos españoles a formarse más y durante más años. Y no toda la formación es cuestión de másters o cursos. Algo es claro: hay que reformar la universidad española, porque ahora ni nos hace más cultos -no nos enriquece como personas- ni nos hace más competitivos -no nos enriquece nuestro bolsillo.

Francisco Quintero. dijo...

Por supuesto, que también estoy con Bolonia. A pesar de que se haya enrarecido el ambiente con su aplicación y puesta en marcha, cuando las respuestas y las buenas consecuencias al plan vayan llegando a los estudiantes y les vaya permitiendo acceder a un mejor nivel educativo a la par de Europa, y al mismo tiempo les sitúe en las mismas condiciones laborales para acceder a un futuro empleo, las circunstancias se tornarán más favorables para este Plan que ahora se pone en funcionamiento. Estoy convencido de que el futuro será más positivo que este presente algo complicado con el que comienza, debido a las protestas estudiantiles.

José Antonio dijo...

Luís, buen articulo en defensa de la unificación universitaria en Europa.
Europa tiene que ser más que un mercado, tiene que ser una unidad política y cultural que este por encima de tanto provincianismo de moda.
Defender la idea de Europa es defender el progreso y las libertades.
Algunos supuestos intelectuales, que continuamente ponen piedras en el camino a la idea de la Unión Europea, en nombre de un falso progresismos, olvidan que el siglo XIX ser progresistas era defender la idea de una nación sin fronteras contra las fuerzas conservadoras, los caciques de turno y el catolicismo reaccionario.
También olvidan, que las mayorías de las autovías, redes ferroviarias, aeropuertos, etc..., construidos en los últimos 25 años ha sido posible gracias a la ayuda comunitaria.
Ojala dentro de unos años nos podamos considerar ciudadanos europeos, no es una utopía, ante de la Constitución del 78, tampoco éramos ciudadanos españoles