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lunes, 25 de julio de 2011

Jóvenes y mal parados.

La crisis que no quiere irse ha generado algunos problemas especialmente graves. Y no me refiero a los quebrantos que esta plaga viene produciendo en las economías de muchas empresas. Conviene no olvidar que la crisis no afecta a todas por igual, ni a todos sus integrantes con la misma intensidad por esa simple razón del desigual reparto del poder y la riqueza. Entre los más graves problemas generados por esta crisis está el fuerte aumento del paro en los jóvenes. Los peor parados.


Foto: Santiago Sierra (1966)

El incremento del desempleo en los primeros meses de esta año se sigue cebando con los jóvenes entre los 16 y los 34 años. Lo confirman diversos trabajos de campo y entre ellos el índice que elabora el Grupo Manpower: "El mercado de trabajo en los primeros meses de 2011 y la Enlacerespuesta de los jóvenes a la crisis del empleo", minucioso estudio a cargo de un equipo de investigadores de la Autónoma de Barcelona. Es dramática la destrucción de una parte muy importante del empleo que tenían los jóvenes: De los 8 millones de puestos de trabajo que ocupaban en 2007 hemos pasado a 5,8 millones en los primeros meses de 2011. El retroceso de 2,4 millones explicaría el 100% de toda la destrucción de empleo de este país. Entre los jóvenes que sobreviven o encuentran trabajo, además, se mantiene un elevado porcentaje de de personas subempleadas o con jornada laboral inferior a lo deseado, un síntoma más del deterioro de la situación en el mercado de trabajo de los jóvenes durante los tres últimos años de crisis económica. Un hecho que viene a constatar la tendencia reflejada en años precedentes en España y en Europa, con la excepción de Alemania. La debilidad de la recuperación del mercado laboral europeo no ha impedido el progresivo aumento del desempleo juvenil, donde a finales de 2010 contábamos ya con 5,4 millones de jóvenes desempleados. Es natural que estas cifras de paro juvenil constituyan una de las principales preocupaciones de la mayoría de los estados miembros de la U.E. si descontamos los tremendos dolores de cabeza que sigue produciendo la crisis financiera y nuestra proverbial lentitud de respuesta como entidad supranacional.
La evolución en España ha sido especialmente negativa tanto en tasas como en valores absolutos lo que ha llevado al Gobierno a encarar algunas reformas estructurales con carácter de urgencia. Fue el caso de la contestada ley de Reforma Laboral del pasado año, la Ley 35/2010 de Medidas urgentes para la reforma del mercado de trabajo, que pretende incentivar las contrataciones de aquellos colectivos con más dificultades de empleabilidad (jóvenes de 16 a 30 años con déficit de cualificación y mayores de 45 años parados de larga duración). Los dos cambios más importantes en relación con las políticas activas de empleo han tenido el mismo padre: el nunca suficientemente valorado Acuerdo Social y Económico para el crecimiento y el empleo y la garantía de las pensiones, que firmaron gobierno, patronal y sindicatos en febrero de este año. Dos reales decretos-leyes convalidados por el Congreso de los Diputados. El RD-ley 1/2011, de 11 de febrero, de medidas urgentes para promover la transición al empleo estable y la recualificación profesional de las personas desempleadas, incluye medidas dirigidas específicamente a reducir el desempleo de los jóvenes menores de 30 años. El segundo, el RD-ley 3/2011, de 18 de febrero, de medidas urgentes para la mejora de la empleabilidad y la reforma de las políticas activas de empleo, con especial incidencia en una mayor integración de las políticas activas de empleo para jóvenes.
No ha habido tiempo material para evaluar la efectividad de las reformas emprendidas y en vías de aplicación, por lo que mantenemos viva la esperanza en su eficacia a la par que se van produciendo las respuestas de los jóvenes a la crisis. Entre ellas, el regreso a las aulas para continuar la formación interrumpida o ampliar la obtenida.
Esto es lo que ocupa y preocupa a líderes políticos responsables, con R, como Alfredo Pérez Rubalcaba que no hace más que insistir en propuestas para crear empleo juvenil. Ahora mediante lo que ha denominado un "nuevo contrato de trabajo aprendizaje" para que los jóvenes parados sin cualificación -principalmente los que dejaron los estudios para trabajar en la construcción- trabajen y a la vez puedan formarse en institutos o centros de Formación Profesional acreditados. Pero esa tarea requiere muchas complicidades y un ejercicio de abstracción sobre lo que son problemas secundarios para volcarnos en el principal reto: el empleo de los jóvenes, ni más ni menos que el futuro de nuestra sociedad.
¿Seremos capaces o seguiremos debatiendo sobre la fecha de las elecciones generales?

sábado, 3 de julio de 2010

Deberes inaplazables

El dato es revelador: En 1975, las dos terceras partes de los jóvenes entre 18 y 24 años, esto es el 66%, no seguían formación reglada de ningún tipo. La sociedad española de la democracia se ha esforzado para corregir los retrasos más significativos y en las últimas décadas, especialmente, ha tenido lugar una importante aproximación a los estándares europeos. Sin embargo, todos los esfuerzos no han sido suficientes para cerrar la brecha que nos separaba; hoy somos conscientes de que tenemos tareas inaplazables como la reducción de las tasas de abandono escolar, el incremento del número de jóvenes que obtienen título de graduado en ESO y de los que acceden a la formación postobligatoria -FP de grado medio, sobre todo-. Y no sólo porque debemos responder ante nuestros jóvenes, sino por elemental coherencia con la reorientación del modelo de crecimiento económico que hemos puesto en marcha y cuyos exponentes legislativos próximos más cercanos serán la Ley de Economía Sostenible y la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación.
Esta semana hemos finalizado el curso ordinario con la comparecencia del ministro de Educación el pasado día 30 de junio. Ante la comisión de Educación y Deportes del Congreso, Gabilondo realizó la presentación formal del Plan de Acción 2010-2011, que es una manera de concretar los objetivos de la Educación para la década 2010-2020 asumidos en la última reunión del Consejo Europeo bajo nuestra presidencia semestral. El Plan de Acción para el próximo curso aprovecha la hoja de ruta que marcó el documento del malogrado pacto educativo, que aún escuece al Partido Popular porque aún no ha encontrado la forma de explicarnos las verdaderas razones que le llevaron a negar su apoyo. Es por lo que ahora dicen cosas tan jugosas como que el plan de acción es un "tuneado" de programas ministeriales ya existentes. ¿Les habrá afectado algún golpe de calor? No han sido del mismo tono las reacciones de los restantes grupos políticos que acogieron favorablemente el contenido, aunque algunos sigan insistiendo en los ya archiconocidos tópicos de "las competencias". A veces parecen argumentos/excusas para eludir responsabilidades.

El Plan de Acción tendrá como referencia 12 objetivos apoyados en programas, cuantificados desde el punto de vista económico, para mejorar el rendimiento escolar, modernizar y flexibilizar el sistema educativo, internacionalizar nuestras universidades, impulsar el aprendizaje de lenguas extranjeras, evaluar y elevar la calidad de la educación; para mejorar la formación del profesorado y la dimensión social de la educación en todos sus niveles. Y un plan estratégico para la Formación Profesional. Se hace indispensable un visita a la web del ministerio de Educación donde ya está colgado el Plan de Acción 2010-2011. Es un buen trabajo que invita a recuperar la confianza y el optimismo en nuestra capacidad para salir del atasco.